Canals.




Paraíso de nobles nadies.

sábado, 8 de junio de 2013

Roberto.




Yo lo conocí tirado en la vereda de la heladería Llao LLao, no tengo registro de fecha ni de su origen. Sólo sé que su expresión me deslumbraba. Imponía respeto a través de ese desparpapajo que da vivir sin razón. Nunca vi a nadie acariciarlo ni llamarlo por su nombre. Sólo sé que ahí estaba, echado en esa vereda de resaca de agua dulce en un pueblo de agua salada. Cuando vuelvo a Canals lo busco en todas partes, quizás esperando que sea real, o lo que uno espera de los pueblos, que las imágenes no envejezcan, no aturdan en lo que no podrá ser. Roberto observaba en blanco y negro,  y lamía sus conclusiones. Lamer en blanco y negro a perras paseando en Hondas Dax.
Pienso en los de tu generación. Percito, el excéntrico perro de Marío Marcelo Rodríguez, tremendo arquero,  en honor a Per Gessle de Roxette, o el Colita el perro del Javito Aguado hincha de Canalense. El Argamennón, el perro del Agustín Titi Zubiri, uno de esos tipos mágicos que brillaron en Canals. Quiero morir caminando.  En una de esas caravanas descomunales lo acompañé al glorioso Peto Quevedo, luego de secar los bares, y en su entrada triunfal al barrio, con sus botas que pronunciaban sus chuecas, Jackaroe como lo bautizó alguna vez el Gaby Tapia, el Peto se sorprendía de que esa noche ninguno de los treinta perros que vivían en la cuadra salieron a recibirlo, y él se encargo de despertarlos, sin suerte, esa noche no trabajaban. Podría hablar de perros futbolísticos, pero la poesía no se lo merece. Roberto era galgo. Uno con los ojos podía medir sus costillas, como un auto sin capot. El día que nació Hugo Chavez Frías moría el hijo de Bernardo Decca, arquitecto y poeta. Cosas que pasan. Días de nobles nadies. Y como él, no podemos cerrar los ojos.


Iván Ferreyra
Marzo 2013.

Especial para Somos Canals



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